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los años de peregrinación del chico sin color

 

¡Pobre Tsukuru Tazaki!

Al ritmo del piano de Lazar Berman interpretando los “Annéss Pèlerinage” de Franz Liszt transcurre el viaje al pasado de Tsukuru Tazaki, un joven ingeniero de estaciones de tren, que a sus 36 años lleva una vida solitaria en Tokio, por un acontecimiento que en sus primeros años de universidad marcó drásticamente su vida.

Ahora tras conocer a Sara, dos años mayor que él, viajará a su ciudad natal, Nagoya, con la intención de entender los motivos por los que sus grandes amigos del instituto cortaron bruscamente con él sin darle explicaciones y llevándole casi al suicidio.

En la vida siempre hay cosas demasiado complicadas para explicarlas en cualquier idioma.

 

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En esta, su última novela, Murakami, el más internacional de los autores japoneses, se sirve de continuos flashback en los que Tsukuro va relatando su peregrinación desde sus últimos años de instituto, donde formaba parte de un especial grupo de amigos: dos chicas y tres chicos, donde todos tienen un nombre que hacer referencia a un color menos el de Tsukuro; sus primeros años en la universidad, en los que entra en una gran depresión por el rechazo de sus amigos; hasta el presente en el que debe enfrentarse a los fantasmas de su pasado para poder afrontar un nuevo futuro.

haruki-murakami1En la obra, Murakami, nos enfrenta y ahonda en las relaciones humanas, en su difícil entendimiento, en la inseguridad afectiva, en la amistad, en el amor, el perdón, el corazón, en la necesidad de sentirse querido y comprendido; en los lugares de los que uno procede y en los tiempos pasados; y todo esto, lo logra Murakami con un lenguaje sencillo y fluido que arrastra con facilidad al lector a las profundidades de los sentimientos que producen las palabras, a las que sabe poner banda sonora y una cierta magia algo inquietante.

Una novela que invita a la reflexión y con las que nos llegamos a sentir en algunos momentos totalmente identificados. Porque, quién no ha perdido amistades en nuestros años de peregrinación o quién no se ha sentido sin color para con los demás o consigo mismo; o quién no se ha sentido completamente extraño en un mundo que  no nos comprende.

Creer, no creo en nada. No creo en lo lógico ni en lo ilógico. No creo en dioses ni en demonios. En ese sentido, no abuso ni prolongo hipótesis, y tampoco doy saltos. Sólo acepto en silencio las cosas como vienen dadas. Ése es mi principal problema: que no consigo alzar un muro que separe lo objetivo de lo subjetivo.

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