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Uno de los símbolos más representativos de los Estados Unidos es, sin lugar a dudas, la Estatua de la Libertad y, aunque los estadounidenses no le han rendido a lo largo de su historia el honor que la libertad merece, este regalo del estado francés es un elemento muy valorado a nivel mundial como así lo demuestra su condición de finalista para elegir las nuevas siete maravillas del mundo moderno. Conozcamos algunas curiosidades sobre su historia.

De hecho, hasta que las 350 piezas que componían la Estatua de la Libertad no llegaron a Nueva York en forma de regalo francés para celebrar el primer centenario de la independencia de los Estados Unidos, el pueblo americano no tenía un icono que la representara en el mundo.

El nombre original de esta  impresionante dama de 46 metros de altura es “La libertad iluminando el mundo”  y fue creada por el escultor francés Frédéric Auguste Bartholdi, siendo la estructura interna un diseño del famoso ingeniero Gustave Eiffel.

Aunque la Estatua llegó en 1876, construirle un pedestal, buscarle un sitio donde asombrara al mundo y recaudar los fondos para todo ello no fue fácil ni barato, sobre todo para un país que acababa de salir de su guerra civil.

Finalmente en 1887, el Congreso de los Estados Unidos aprobó su ubicación en la Isla Bedloe (en 1956 pasó a llamarse Isla de la Libertad), New York, sobre una inmensa base.

 

En 1879, Bartholdi obtuvo en Estados Unidos la patente para el monumento.

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