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Hoy hace exactamente 67 años que un avión, más concretamente un bombardero B-29, lanzó sobre Japón la primera bomba atómica de la historia.

Cuando me preguntaron sobre algún arma capaz de contrarrestar el poder de la bomba atómica yo sugerí la mejor de todas: La paz.

Albert Einstein

Desde el islote Tinian despegó el famoso Enola Gay (nombre de la madre del coronel y comandante de la operación Paul Tibbets) con Little Boy a bordo con dirección a la ciuidad de Hiroshima.

Durante tres años, centenares de científicos e ingenieros habían trabajado bajo el más estricto secreto en Los Alamos, en el desierto de Nuevo México, para construir la bomba atómica en el denominado Proyecto Manhattan.

Tras un año de preparación y ensayos, los 12 miembros de la tripulación del Enola Gay, recibieron la orden que durante semanas habían esperado en el más estricto aislamiento. La orden de volar hacia el Pacífico se recibió poco antes del despegue:  el objetivo era Hiroshima. Además del objetivo, Tibbets recibió la siguiente orden directa del comandante en jefe en el pacífico: «A fin de proteger el secreto de la bomba, ninguno  podía ser capturado vivo», para ello, le entregaron un paquete con cápsulas de cianuro. Si el avión era derribado, ordenaría a su tripulación ingerir las cápsulas. Si alguien se negaba, sería ejecutado en el acto.

Tibbets ordenó que pintaran el nombre de su madre en el avión, Enola Gay, sobre el fuselaje, pero el avión elegido era en realidad el Lewis, su copiloto, y cuando  lo vio, estalló. «Irrumpí en el despacho de Tibbets y le pregunté a qué demonios jugaba. Era mi avión y debería ser yo quien escogiera el nombre. Tibbets parecía avergonzado». Más tarde, Tibbets lo negó: «Me daba igual lo que pensara».

Al despegar el Enola Gay pesaba 66.600 kg (incluyendo 31.500 litros de queroseno). Tras varias horas de vuelo, según el diario de Lewis, a las «08.16. A los 43 segundos del lanzamiento y tras casi seis millas de caída, la bomba detonó sobre Hiroshima»

El diario de Lewis continua, «un punto de luz purpúra se expande hasta convertirse en una enorme y cegadora bola de fuego. La temperatura del núcleo es de 50 millones de grados. A bordo del avión, nadie dice nada. Casi podía saborear el fulgor de la explosión, tenía el sabor del plomo». «La cabina de vuelo se iluminó con una extraña luz. Era como asomarse al infierno. A continuación llegó la onda de choque, una masa de aire tan comprimida que parecía sólido». «Cuando la onda de choque alcanzó el avión, Tibbets y yo nos aferramos a los mandos. El Viejo toro nos llevó a la máxima altura. El hongo alcanza una milla de altura y su base es un caldero burbujeante, un hervidero de llamas. La ciudad debe de estar debajo de eso. Dios mío, ¿Qué hemos hecho?». Años después, Lewis confesaría que en realidad sus primeras palabras fueron: «¡Guau, menudo pepinazo!».

Tres días más tarde el el B-29 Bockscar lanzó Fat Man sobre la ciudad de Nagasaki.

Se estima que hacia finales de 1945, las bombas habían matado a 140.000 personas en Hiroshima y 80.000 en Nagasaki, aunque sólo la mitad había fallecido los días de los bombardeos.

 

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