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Este estupendo dibujo de los barcos Drakkar o Dragones Vikingos  de Albert Sébille nos servirá de introducción para conocer un poco mejor a estos aventureros de origen germánico.

En realidad, cuando hablamos de Vikingos nos estamos refiriendo a navegantes originarios de Escandinavia que hicieron temblar toda Europa con sus incursiones y saqueos durante los siglos VIII a XI de nuestra era.

Aparecieron, historicamente documentados, mediante saqueos y ataques a monasterios caracterizados por una gran violencia y crueldad. Llegaron a gobernar las islas Británicas, tierras normandas en Francia y llegaron a fundar en Italia el reino de Sicilia.

Pero lo que realmente caracteriza a los Vikingos es su destreza para la navegación en mares y ríos. Sus barcos de tipo knorr podía avanzar a una velocidad de seis nudos transportando una carga de 40 toneladas. El mástil no iba sujeto rígidamente en el casco, sino que podía moverse o ser abatido si el barco necesitaba ser arrastrado por tierra con ayuda de troncos. Inventaron la quilla que proporcionaba estabilidad y maniobrabilidad en corrientes rápidas. En las calmas o con viento en contra, los tripulantes empuñaban los remos. Con sus drakkar (llamadas así porque las proas y popas de sus naves estaban adornadas con cabezas de dragón) de 32 metros de largo eran capaces de navegar durante cientos de kilómetros. Se orientaban con mucha precisión sin brújula. Sin uso de brújula eran capaces de orientarse con gran precisión estableciendo la latitud por la posición del sol, la luna y las estrellas. Navegaban cerca de la costa, atentos a las señales de tierra. Calculaban la velocidad y las millas recorridas fijándose en su estela y la fuerza con que la roda de la proa iba rompiendo las olas. La borda de las naves era muy baja y el oleaje podía inundarlas con facilidad. La tripulación arriesgaba la vida en cada tormenta. Los que fallecían durante el viaje eran arrojados al mar.

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