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Aunque hoy totalmente abandonadas y en desuso, seguro que aún en muchas de nuestras casas quedan algunas unidades de almacenamiento magnético cogiendo polvo. Las de 5,25″ llegaron primero para ser sustituidas, algo más tarde, por las de 3,5″.

Los disquetes o discos flexibles (sobre todo había que tener cuidado con la flexibilidad del 5,25″) llegaron a nuestras vidas cuando hace unos 20 años comenzaron los ordenadores personales a invadir poco a poco nuestras casas; son dispositivos dotados de un disco fino y flexible de material magnético dentro de una cubierta de plástico cuadrada y que introducidos en las disqueteras de nuestros antiguos PCs (hoy más fácil encontrar un ordenador con un monitor cabezón que con una disquetera) se podían leer y escribir información en ellos para poder transportarla o compartirla.

Sus capacidades estaban por debamos del mega exceptuando el disco de 3,5″ de HD que llegaba a 1,44 Mb.

Si nos paramos a pensar, recordaremos lo poco fiables y vulnerables  a la suciedad y campos magnéticos externos que eran estos dispositivos y la de quebraderos de cabeza que nos producían cuando se empeñaban en fallar justo en el peor momento.

Luego aparecieron los discos duros, los CDs, magneto-ópticos, USB, DVDs, Blue-Ray e incluso la nube (cloud) dejando en el olvido nuestros queridos floppies.

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