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Ludwig van Beethoven finalizó la composición de la Sinfonía nº 9 a principios de 1824. Atras quedaban seis años de duro trabajo que culminaron en una de las obras más importantes y populares de la historia de la música. Todos conocemos su último movimiento con el grandioso final coral símbolo universal de la libertad, una adaptación de la sinfonía realizada por Herbert von Karajan se ha convertido, desde 1972, en el himno de la Unión Europea. Además la 9ª de Beethoven es la única composición musical  declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco.

Debería haber un gran almacén de arte en el mundo al que el artista pudiera llevar sus obras y desde el cual el mundo pudiera tomar lo que necesitara.

Beethoven

Diez años después de la 8ª sinfonía, el 7 de mayo de 1824, en el Kärntnertortheater de Viena se estrenaría bajo la dirección conjunta de Michael Umlauf y el propio Beethoven en su última aparición pública.

¡Oh amigos, cesad esos ásperos cantos
Entonemos otros más agradables y llenos de alegría
¡Alegría, alegría!

¡Alegría, bella chispa divina,
hija del Elíseo!
¡Penetramos ardientes de embriaguez,
¡Oh celeste, en tu santuario!
Tus encantos atan los lazos
que la rígida moda rompiera;
y todos los hombres serán hermanos
bajo tus alas bienhechoras.

Quien logró el golpe de suerte,
de ser el amigo de un amigo.
Quien ha conquistado una noble mujer
¡Que una su júbilo al nuestro!
¡Sí! que venga aquel que en la Tierra
pueda llamar suya siquiera un alma.
Pero quien jamás lo ha podido,
¡que se aparte llorando de nuestro grupo!

Se derrama la alegría para los seres
por todos los senos de la Naturaleza.
todos los buenos, todos los malos,
siguen su camino de rosas.
Ella nos dio los besos y la vid,
y un amigo probado hasta la muerte;
Al gusanillo fue dada la Voluptuosidad
y el querubín está ante Dios.

Alegres como vuelan sus soles,
A través de la espléndida bóveda celeste,
Corred, hermanos, seguid vuestra ruta
Alegres, como el héroe hacia la victoria.

¡Abrazaos Millones de seres!
¡Este beso al mundo entero!
Hermanos, sobre la bóveda estrellada
Debe habitar un Padre amante.

¿Os prosternáis, Millones de seres?
¿Mundo presientes al Creador?
Búscalo por encima de las estrellas!
¡Allí debe estar su morada!

¡Alegría, bella chispa divina,
hija del Elíseo!
¡Penetramos ardientes de embriaguez,
¡Oh celeste, en tu santuario!
Tus encantos atan los lazos
que la rígida moda rompiera;
y todos los hombres serán hermanos
bajo tus alas bienhechoras.

¡Alegría, bella chispa divina,
hija del Elíseo!
¡Alegría, bella chispa divina!

Sinfonía Nº. 9 en D menor, Op. 125, dirigida por Leonard Bernstein.



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