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Durante la segunda mitad del siglo V a.C, durante el periodo de Pericles, en la parte más alta de la ciudad de Atenas, bajo la dirección de Fidias, un grupo de artistas creo un conjunto arquitectónico y artístico que la cultura de la Grecia antigua nos ha legado al resto del mundo, nos estamos refiriendo a la acrópolis de Atenas.

La Acrópolis de Atenas es la más representativa de las acrópolis griegas y está localizada sobre «la roca sagrada»: una meseta caliza de 270 metros de longitud y 85 de anchura, situada 156 metros sobre el nivel del mar, que contiene los monumentos más famosos de la Grecia clásica: el  Partenón, el Erecteión, los Propileos y el templo de Atenea Niké y representa el símbolo universal del espíritu y la civilización clásica.

El lugar fue declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1987.

Lugar de defensa ante ataques y santuario para los dioses, a la Acrópolis se entraba a través de una puerta monumental llamada «Propileos» donde una gran estatua de bronce de Atenea, construida por Fidias, se situaba en el centro del recinto. A la derecha de esta estatua se erige el Partenón que albergaba la estatua crisoelefantina de Atenea Parthenos, también obra de Fidias.  El Partenón es uno de los principales templos dóricos que se conservan en la actualidad, fue construido entre los años 447 y 432 a.C., con columnas de 10,4 metros de altura, este templo de 69,5 metros de largo y 30,9 de ancho está dedicado a la diosa griega Atenea, protectora de los atenienses.

A la izquierda de la estatua de bronce de Atenea, se disponía el Erecteión,  templo en honor a Atenea Polias, Poseidón y Erecteo, rey mítico de la ciudad.

Estos edificios se complementaban con otros menores como el Recinto del olivo sagrado, el Brauronion o la Calcolteca.

Al recinto se accede a través de una empinada rampa y unas escaleras que nos acercan a los majestuosos Propileos construidos por Mnesikles, levantados con mármol blanco del Pentélico. Esta vía ascendente era una monumental puerta de acceso al recinto, que se iba abriendo a la vista del visitante a medida que subía los escalones.

El magnífico recinto de la Acrópolis y el Partenón quedó seriamente dañado en 1687, cuando los venecianos dispararon un proyectil sobre el edificio, que en aquellos momentos había sido convertido por los turcos en un polvorín, tras haber sido anteriormente mezquita.

La visita a la Acrópolis supone una experiencia única e inolvidable, obligada para cualquier viajero que pase por Atenas.

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