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Uno de los lugares que me llevaré en la retina es sin lugar a dudas la maravillosa ciudad de Florencia.

Sobre las aguas del río Arno nos encontramos el puente de piedra más antiguo de Europa, el mágico Puente Vecchio, diseñado por el arquitecto y pintor medieval Taddeo Gaddi alrededor de 1300.

Históricamente el Ponte Vecchio fue una construcción romana realizada totalmente en madera, pero diferentes crecidas del río en algunas inundaciones terminaron por destruirlo.

El puente está sostenido sobre tres arcos, el principal tiene una luz de 30 metros y los otros dos de 27 metros. El alzado de los arcos varía entre 3,5 y 4,4 metros.

En el pasado, el Ponte Vecchio era el puente de pobres comerciantes, hasta que nacieron las elegantes joyerías que conocen hoy en día los turistas. Existe la leyenda de que las tiendas sobre el puente estaban exentas de pagar impuestos y tasas. Sobre el puente los tenderos montaban sus bancos donde ofrecían sus mercancias. Entre esos puestos algún cerrajero vendería candados, de ahí la hermosa leyenda por la que una pareja de enamorados que ate un candado en algún lugar del puente y tire la llave al Arno convertirá su amor en eterno.

Si los tenderos no podían pagar las deudas que contraían los soldados florentinos rompían su banco o puesto de negocio, de ahí se cree que viene la palabra “bancarrota”. El hecho de que sólo los comerciantes que pudieran pagar sus deudas y seguir adelante con su negocio, lo convirtieron en un lugar exclusivo y de confianza para el movimiento de capitales, siendo desplazados los comerciantes menos poderosos y quedando sólo aquellos con mayor potencial; actualmente sobre el puente se encuentran las más importantes, y por supuesto caras, joyerías de Italia.

Aseguran que, a pesar de las bastas destrucciones que sufrió Italia durante la Segunda Guerra Mundial, el líder alemán Adolf Hitler expresó claramente que dicha construcción no debía recibir ningún tipo de daño durante la retirada de las tropas alemanas, desconociéndose los reales motivos de dicha orden.

Sin duda, una de las cosas mas fascinates de este pasaje fiorentino es encontrarse con una construcción medieval tan bien conservada, no tan bella como el reflejo que la misma produce en el rio que atraviesa la ciudad.

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