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La Obertura Solemne 1812, Op. 49 es una obra orquestal de Piotr Ilich Tchaikovsky.

La pieza fue comenzada a componer en 1880 para celebrar los 70 años de la victoria rusa en 1812 frente a la invasión de Napoleón Bonaparte. Fue creada a sugerencia de Nikolai Rubinstein, amigo del compositor y le llevó una seis semanas hasta ser concluida, sin embargo fue estrenada en Moscú el 20 de agosto de 1882. La misma es reconocida por su final triunfal, que incluye salvas de disparos de cañón y repique de campanas.

Para leer y entender mucho mejor esta entrada es muy recomendable el escuchar la obra interpretada por la Minneapolis Symphony Orchestra a la dirección del maestro húngaro Antal Doráti, ya que la obra narra todo lo que aconteció en la campaña napoleónica en Rusia.

La campaña de Napoleón en Rusia es una de las más cruentas que la historia ha registrado. El 24 de junio de 1812, el emperador cruzaba el río Niemen y se adentraba en Rusia a la cabeza de un ejército de más de 450.000 hombres.

Uno de los combatientes a las ordenes de Bonaparte recordaría años más tarde, con cierta ironía, el espíritu que los embargaba: “Teníamos la moral muy alta, el valor nos exaltaba y nos desbordaba el optimismo”.

La intención de Napoleón era aplastar al zar Alejandro I mediante una batalla contra el ejército ruso que le llevaría a una abyecta rendición.

El plan de una batalla campal decisiva ya  había reportado al emperador grandes victorias en los países que había invadido hasta entonces, pero Napoleón no contó con la astucia de los comandantes rusos que, conducidos por el mariscal príncipe Kutúzov, se negaron a dar a los franceses la satisfacción de entablar combate a campo abierto.

La Grande Armée de Napoleón avanzaba rápidamente a través del territorio enemigo, mientras un pueblo ruso temeroso elevaba sus plegarias a Dios como único salvador. La Obertura Solemne 1812 comienza con la melodía religiosa de la Iglesia Ortodoxa Rusa “Dios proteja a su Pueblo”, que ejecutada por ocho violonchelos y cuatro violas recuerda cómo la declaración de guerra contra Francia fue anunciada al pueblo en los servicios religiosos de toda Rusia.

El ejercito francés avanzaba con una fuerza imparable y no encontraba, ni en Barclay primero ni en Kutúzov más tarde, la oposición y el definitivo combate que aplastara al ejército ruso. Los invasores se iban internando sin oposición en los vastos territorios rusos, la táctica de los comandantes rusos provocó el rechazo de parte del alto comando ruso así como del pueblo, descontento con la caída y evacuación de ciudades como Smolensk. Algunos acusaron a Kutuzov de cobardía, pero éste contaba con el beneplácito del zar.

La obra de Tchaikovsky continúa con una mezcla de melodías tradicionales (incluida la danza “A la puerta, a mi puerta”) y melodías militares, que representan la angustia creciente del pueblo ruso al saberse invadidos por el ejército francés.

A medida que las tropas francesas avanzaban, los rusos se replegaban, dejando tras sí la inmensa llanura devastada donde los invasores sufrían el hambre y las inclemencias del tiempo.

En Borodino a comienzos de septiembre de 1812, al fin, el ejercito ruso fue capaz de montar un posición defensiva con algunas garantías de éxito frente al imponente ejercito del emperador Bonaparte.

El día 7 de septiembre la batalla de Borodino se cobró uno de los  días más sangrientos de los combates en la historia humana. Cerca del río Moskva, las tropas rusas defendieron con fiereza sus posiciones ante el asalto frontal de Napoleón.

A estas alturas la pieza continúa con una marcha presentada por los metales, donde se oye cargar a los ejércitos en su enfrentamiento en la Batalla de Borodino.

El  enfrentamiento le costó la vida a 40.000 rusos y 30.000 franceses, casi un tercio de los combatientes. La victoria francesa fue aplastante y Kutúzov ordenaba la evacuación de la ciudad y se retiró con la mitad de sus fuerzas el 8 de septiembre, dejando expedito el camino hacia Moscú a las fuerzas napoleónicas.

Un diminuendo en la música representa la retirada rusa, evitando la confrontación directa con las tropas francesas al tiempo que dejan la tierra arrasada a su paso.

Una semana después, el 14 de septiembre, Napoleón llegaba a las puertas de Moscú. Un fragmento repetitivo y triunfal del himno nacional francés, La Marsellesa, sirve para representar al ejército invasor y la victoria de Napoleón sobre los rusos.

Napoleón estaba convencido de que los rusos, en la persona del mismo Zar Alejandro I, harían pronto un llamamiento de paz. Vuelve a sonar la marcha de los metales y el fragmento de La marsellesa, para indicar la entrada de los franceses en una Moscú incendiada.

Los franceses encontrarían una ciudad fantasma, evacuada de habitantes, saqueada y en llamas. Moscú era una ciudad principalmente construida con edificios de madera; ardió casi por completo y las tropas francesas se vieron obligados a acampar a las afueras de la ciudad. Allí esperaron 5 semanas la capitulación rusa que nunca llegó, luchando contra el   “general invierno” que avanzaba en su particular batalla. Los soldados comenzaron a desmoralizarse y sentían como iban siendo rodeados por el ejercito ruso, sin un lugar donde refugiarse y con escasos suministros para combatir el invierno.

Sobre las ascuas de una ciudad calcinada en ruinas, sin haber recibido la capitulación rusa, y con una nueva maniobra rusa forzándole a salir de Moscú, Napoleón ordenó retroceder.  El fragmento de La marsellesa sigue sonando, ahora en diminuendo, indicando la retirada de las tropas francesas, al tiempo que un crescendo indica el asedio ruso.

La ciudad incendiada era tácticamente inútil, además que la cercanía del invierno, comandados por el “general invierno”, hacía insostenible mantener a cerca de 100,000 soldados franceses subsistiendo duramente entre las ruinas de Moscú, por lo cual Napoleón inició la larga retirada el 19 de octubre, tras sólo seis semanas de ocupación.

Mientras la moral francesa se desplomaba al mismo ritmo que bajaba el termómetro, muchos de los aliados de Napoleón (18 países tomaron parte en la invasión de Rusia del lado de los franceses) comenzaron a inquietarse y a desertar. Al mismo tiempo, los rusos sobre todo el ejército de Kutuzov, formado por 110.000 hombres al sur de Moscú, cerca de Kaluga se envalentonaban creyendo más que nunca en la victoria.

Las tropas francesas se retiraron hacia Smolensk , pero el invierno, la temible caballería cosaca y en ocasiones los lobos parduscos de las inmensas pinadas rusas comenzaban a cercar a un ejército cada vez más andrajoso, hambriento y desesperado.

Cinco disparos de cañón acompañan el avance de los rusos expresado en los instrumentos de cuerda y los metales, que preparan el campo para el cierre triunfal con el contrapunto entre el leitmotiv que representa al ejército ruso y el himno imperial ruso Dios salve al Zar, apoyado por once disparos de cañón y un repique de campanas. Este final muestra un anacronismo curioso, ya que Dios salve al Zar no era en 1812 el himno ruso, sino que lo era en la época en la que Tchaikovsky compuso la obra.

Uno de los supervivientes, el comandante Christian von Faber du Faur, un talentoso artista que creó una visión histórica sin precedentes sobre la absoluta destrucción de la Gran Armada, relata implacable las escenas de esqueletos decapitados, cosacos al ataque, cuerpos congelados, pueblos en llamas y campesinos asesinados.

En la Batalla de Maloyaroslávets, Kutúzov pudo al fin forzar a los franceses a usar la misma carretera de Smolensk, que antes les había llevado al este, para volver hacia occidente. Al tiempo, continuaban bloqueando el flanco sur para impedir a los franceses salir de esta ruta.

Kutúzov desplegó tácticas de guerrillas para atacar constantemente a los franceses donde éstos fueran más débiles. Las tropas cosacas asaltaban y rompían las aisladas unidades francesas. El suministro al ejército se hizo cada vez más dificultoso al empezar el invierno propiamente a inicio de noviembre.

Las tropas de austríacos y prusianos que habían quedado atrás en el avance a Moscú empezaron a cambiar de bando, al igual que otros soldados de países ocupados por Napoleón; esto ciertamente reducía el número de soldados que alimentar entre las filas francesas, pero dichos desertores transmitían valiosa información a los rusos sobre el mal estado de la Grande Armeé.

Debido a la llegada del invierno, las praderas rusas carecían de pastos para caballos, que al no poder alimentarse morían y eran utilizados como fuente de carne para los soldados; si bien esta medida permitía alimentar a las tropas francesas, las obligaba a desplazarse lentamente a pie, siendo presa fácil del congelamiento en piernas y brazos.

El cruce del río Berezina les llevó a una nueva gran derrota, ya que Kutúzov decidió que aquel era el momento de llevarles a un combate en campo abierto. Las divisiones rusas atacaron y aplastaron a la parte del ejército francés que aún no había cruzado el río.

La monstruosa escena empeoró aún más con la caída de la noche, cuando un destacamento de ingenieros franceses de la orilla más lejana destruyó el puente, «dejando al resto [hombres, caballos y armas] a merced de los rusos». Todo aquel que se quedó en la orilla equivocada fue masacrado. Un total de 30.000 franceses perdieron la vida en aquel paso.

En las siguientes semanas, los remanentes de la Grande Armée fueron aún más diezmados, y el 14 de diciembre de 1812, fueron definitivamente expulsados del territorio ruso al cruzar el río Niemen.

Cerca de 2.000 españoles, prisioneros que habían sido forzados a integrarse en el ejército francés se unieron a los rusos, dándoles el Zar Alejandro I la oportunidad de alistarse en sus filas.

Sólo 58.000 de los hombres de Napoleón sobrevivieron a la campaña rusa.

Napoleón perdió en Rusia la fuerza armada más impresionante jamás reunida desde los tiempos del Imperio romano.

Será la Historia quien juzgue si he cometido un error al adentrarme en Moscú

Proclamó Napoleón desde su exilio en la isla de Santa Elena. 

Y la Historia le juzgó con dureza pese a que lograra hacerse con el Kremlin.

Ciento treinta años después, Hitler sólo consiguió adentrarse en los suburbios más apartados de Moscú.

La 1812 ha conservado una inmensa e intacta popularidad desde su estreno, más que por su calidad musical, por el tremendo efecto de espectáculo que posee la ejecución de la misma, a cargo de una inmensa orquesta que incluye campanas, salvas de cañón y en ocasiones hasta coros de voces. El mismo compositor no era demasiado optimista sobre esta pieza, considerándola por ejemplo inferior a su Obertura Danesa, la Op.15.

Este episodio de la historia rusa esta recogido de forma magistral en el libro “Guerra y Paz” de Tolstoi.

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